martes, 22 de diciembre de 2009

¿TODOS SOMOS HERMANOS? (II)

Convendría que algunos empezasen a despertar y viesen cuál es la realidad que nos rodea.
Se me podrá tildar de "radical", pero lo que les aseguro es que ésos, los "hijos de Alá", no suelen poner la otra mejilla.
Creo que ya va siendo hora de que los Católicos tomemos conciencia de quiénes son nuestros enemigos, tanto dentro como fuera, y tomemos todas aquellas medidas que sean necesarias para garantizar la supervivencia y el triunfo de la única Fe Verdadera: la de Cristo, el Santo de los Santos del Altísimo.

¡VIVA CRISTO REY!

viernes, 11 de diciembre de 2009

¿TODOS SOMOS HERMANOS?

A raíz de las recientes palabras del Sr. Obama en las que muy sutilmente lanzó una "perla", pero ignoró intencionada y/o demoníacamente a su autor, conviene traer a colación la supuesta y aparente coincidencia que se pretende alentar, desde muchos foros del Sistema, entre todas las religiones, con la sustancial diferencia que existe entre la Verdadera Fe, la de Cristo, y el resto de las filosofías, más o menos, pseudoreligiosas existentes.
Dice el Santo de los Santos del Altísimo: "Por lo tanto, todo lo que queráis que hagan con vosotros los hombres, hacedlo también vosotros con ellos, porque en esto está la Ley y los Profetas" (Mateo 7, 12)
Si leemos por encima esta frase del Evangelio no sería extraño confundirla con otras similares, aunque no iguales, pronunciadas o escritas a lo largo de los siglos, incluso antes de la Venida del Salvador.
Así, a título de ejemplo, baste significar las siguientes:
"Esto es la suma del deber: No hagas nada a otros que si te lo hicieran a tí te pudiera causar dolor" ("El Mahabarata") (Filosofía religiosa Hindú)
"No dañes a otros con lo que pudiera dolerte a tí mismo" ("Udana Varga") (Filosofía religiosa Budista)
"Lo que es odioso para tí, no lo hagas a tu prójimo. Esta es toda la ley, el resto es comentario" ("El Talmud") (Tradición Judía)
"Ninguno de ustedes es creyente hasta que desea para su hermano lo que desea para sí mismo" ("Hadit") (Religión Musulmana)
"Lo que no deseas que otros te hagan a tí, no lo hagas a los demás" (Confucio, 551-479 a. C)
Como hemos significado, aparentemente el mensaje sería el mismo, y así pretenden transmitirlo los actuales medios del Sistema, pero, en realidad, señores, la diferencia, aunque sutil, es sustancial.
Para ello, es menester relacionar ese episodio del Evangelio narrado por San Mateo, con otro parejo narrado por San Lucas: "Yo os digo a vosotros que escucháis: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os calumnian. Al que te hiere en una mejilla, ofrécele también la otra; a quien te quita el manto, no le niegues la túnica. Da a quien te pida y no reclames a quien te roba lo tuyo. Tratad a los hombres como queréis que ellos os traten a vosotros. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?. También los pecadores aman a quienes los aman. Y si hiciereis el bien a los que os lo hacen, ¿qué mérito tendréis?. Los pecadores también lo hacen. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?. También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos otro tanto. Pero vosotros, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar remuneración; así será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altisimo, porque Él es bueno para los ingratos y perversos. Sed misericordiosos cmo vuestro Padre es misericordioso". (Lucas, 6, 27-36)
¿Entendemos ahora la "sutil y sustancial" diferencia?: Mientras que los demás se limitan a pedir que no hagamos el mal, Cristo nos exige, además, que hagamos el bien.
No hacer el mal no supone para el Señor mayor mérito si no va acompañado de un acto positivo y valiente de amor.
No hacer el mal sólo significa éso: abstenerse de actuar en contra del prójimo.
Pero para un Cristiano la exigencia es inmensa por que, además, nos obliga a actuar santamente, incluso con nuestros propios enemigos.
No nos dejemos engañar pues, porque el Maligno no es tonto del todo.
A veces el mal se esconde dónde menos lo esperamos, con una apariencia de falsa piedad, utilizando medios materiales y humanos para, machaconamente, transmitirnos el mensaje subliminal de que todos somos hermanos de una misma Fe, que todos, en el fondo, somos buenos, de que nadie es tan malo como pudiera llegar a pesnsarse, que, incluso, el mal, a veces, puede tener cierta justificación.....
No nos dejemos engañar: el Mal es el Mal y es lo contrario al Bien.
Y como dijo el Salvador: "Quien no está conmigo, está contra mi". (Lucas, 11, 15-26)

¡AMÉN!

viernes, 13 de noviembre de 2009

¡EXCOMUNIÓN "SÚBITO"!

Por una vez, y sin que sirva de precedente, he de felicitar a la Conferencia Espiscopal Española por dar la cara y dejar de mirar hacia otro lado como hasta ahora venían haciendo.
Ciertamente, todos aquellos que, directa o indirectamente, apoyen cualquier iniciativa (no sólo ésta) legislativa a favor del aborto deben ser inmediata e irrevocablemente excomulgados.
Y no me refiero sólo a la clase política de hoy y de ayer, sino a todos aquellos que, en mayor o menor medida, colaboran en que aquéllos estén dónde están, a pesar de los pesares.
Abogo, asimismo, como ya lo he hecho públicamente, por la inmediata excomunión del Jefe del Estado por haber sancionado normas jurídicas que han permitido tan execrable crimen.
Ya está bien de medias tintas....porque, al fin y al cabo, al que no es católico ¿qué más le da?
Que la Iglesia Española vuelva a ser Católica y Española.

¡VIVA CRISTO REY!

martes, 3 de noviembre de 2009

CON LA DUDA EN EL AIRE

Dicen que no hay peor mentira que una media verdad, pero yo añadiría aún más: no hay peor mentira que aquélla que se viste intencionadamente de falsa piedad.
Hace ya mucho tiempo que vengo leyendo por aquí y por allá que en el Nuevo Testamento no consta condena alguna hacia la práctica de la homosexualidad y, en consecuencia, que la duda sobre su condición pecaminosa, tanto desde el punto de vista teológico como exegético, es más que razonable.
Sin embargo, la realidad siempre supera a la ficción y, a la postre, la mentira acaba sucumbiendo a la Verdad.
Hagamos una breve reseña documental.

Antiguo Testamento:

“Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó”
(Génesis 1: 27).
Tal vez la primera referencia condenatoria de la homosexualidad la encontramos en el Génesis, 19, cuando, hablando de la perversión de Sodoma y de sus hombres (sodomitas), se nos informa que todos sus varones, desde el más joven al más viejo, rodearon la casa de Lot con la intención de acceder carnalmente, y por violencia, con dos hombres mandados por Dios.
Y, precisamente, entre los graves pecados cometidos por los sodomitas contra Dios, motivo último de la destrucción de la ciudad de Sodoma, se significa expresa y muy especialmente el pecado de sodomía u homosexualidad, por ser contrario a la Ley divina y natural.
Un pasaje similar se reproduce en el libro de los Jueces, 19, 16-30, en el que queda clara la condena.
Pero en el Antiguo Testamento, tal y como podría deducirse de los anteriores episodios, no sólo se condena la práctica homosexual violenta, sino, incluso, la voluntaria y/o consentida.
Así se deduce inequívocamente de la redacción de la ley mosaica, en el libro del Levítico, 18, 22, en el que se incluye como objeto de condena a muerte, entre otras desviaciones sexuales, las relaciones homosexuales entre hombres: “No te echarás con varón como con mujer, es abominación”.
Y continúa: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos ha de ser muertos; sobre ellos será su sangre”.

En el Nuevo Testamento:

Se suele afirmar que Jesús no hace referencias expresas a la homosexualidad, pero tal aseveración es rotundamente falsa.
En primer lugar, es menester subrayar que con Jesús la ley mosaica no es derogada, sino complementada, lo cual implica que viene a perfeccionar la Ley de Moisés, sin derogar los presupuestos de hecho sobre los que se sustenta y condena.
Y, así dice textualmente en Mateo 5, 17-18: No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolirla, sino a perfeccionarla. Porque en verdad os digo que, mientras no pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni una tilde pasará de la ley hasta que todo se cumpla”.
Y, además, en confirmación de la plena vigencia de la ley mosaica, aunque interpretada a la luz de la Buena Nueva, Jesús recurre a ciertos pasajes bíblicos para remarcar, no sólo su vigencia, sino también su interpretación:
Mateo 19, 4: “…¿No habéis leído que el Creador desde el principio los hizo macho y hembra, y que dijo: Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne?...” (También: Marcos 10, 6-8)
O dicho de otro modo: En los planes divinos sólo cabe la cohabitación entre un hombre y una mujer, y siempre dentro de los cauces y a los fines previstos por el Altísimo.
Pero incluso también puede verse una condena expresa por parte de Jesús cuando al referirse, en un discurso escatológico, a su segunda venida dice, textualmente, lo siguiente: “Como en los tiempos de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían y bebían, se casaban ellos y ellas, hasta el día en que entró Noé en el Arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio…” (Mateo, 24,38; Lucas, 17, 26-27)
No olvidemos que el diluvio universal fue un castigo de Dios por las depravaciones de la Humanidad, entre las que se incluían crímenes, robos y actos contra natura.
San Pablo continúa hablando sobre el tema en varias de sus epístolas.
En Romanos 1, 18-32, San Pablo nos presenta un cuadro ciertamente detallado de la condición pecaminosa de la sociedad romana y, entre otros vicios y pecados abominables ante Dios, hace expresa referencia a la práctica de homosexualidad masculina y femenina.
Y reitera entre la retahíla de pecados contrarios a Dios, en 1 Corintios 6, 9-11, así como en Gálatas 5, 19-21 y Efesios 5, 3-5, que tales prácticas son abominables ante Dios.
Pero, y esto es importante subrayarlo, en ningún caso excluye al homosexual del proyecto de salvación, pues, concretamente en 1 Corintios 6, 11, dice textualmente: “Y esto erais algunos; más ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de Dios”.
¿Qué podemos extraer, entonces, como conclusión?: Que la sexualidad es algo consustancial con la naturaleza humana y que, en función de su uso, conforme o no con el plan divino, puede ayudar a la humanización o, por el contrario, contribuir a la deshumanización del hombre.
La redención cristiana es integral, pero exige que el pecado, tanto físico como espiritual, sea arrancado de nuestra condición pecaminosa o, si se prefiere, de nuestro comportamiento contrario a la ley divina.
La condición homosexual en sí no obsta la salvación (dice San Pablo en 1 Corintios, 6, 11: “..algunos de vosotros erais homosexuales”), pero ésta está siempre condicionada al cumplimiento de la voluntad divina; es decir: aceptar y ser fiel a la Palabra de Dios.